Una empresa estatal china y un inversionista checo se disputan el rumbo del fabricante italiano, mientras crecen las preguntas sobre seguridad marítima
Ferretti Group, el astillero italiano detrás de marcas como Riva, Pershing, Custom Line y Wally, es hoy escenario de una disputa corporativa con implicaciones que van más allá del mundo del yachting. Según un reportaje de Loomered, la compañía representa cerca del 10 % del mercado mundial de yates de lujo, y sus embarcaciones visitan puertos de Estados Unidos y Europa.
You won’t believe what’s happening at the Florida Boat Show in Fort Lauderdale this week. Historic yacht builder and longtime attendee, Ferretti, is now controlled by a company run by the Chinese Communist Party – Weichai. Why is a CCP-tied company in Florida’s backyard? We need answers and must get their influence out of Florida ASAP. @DeptofWar @SecWar @SecRubio @SenRickScott @SenAshleyMoody @RepDonaldsPress @RepBrianMast @RepCarlos https://t.co/BgcsCieOdL
— Congressman Randy Fine (@RepFine) October 27, 2026
El principal accionista de Ferretti es Weichai Group, un conglomerado de propiedad estatal china. De acuerdo con The Economist, la historia comenzó en 2012, cuando Weichai, un fabricante de motores diésel propiedad de un gobierno provincial, compró Ferretti cuando el astillero atravesaba dificultades. Desde entonces, la empresa cotiza en las bolsas de Milán y Hong Kong. Weichai posee casi el 40 % de las acciones, mientras que KKCG, un grupo de inversión checo fundado por el multimillonario Karel Komárek, es el segundo accionista, con alrededor del 23 %. Según la publicación, Komárek y otros inversionistas consideran que los propietarios chinos están llevando a la compañía en la dirección equivocada.
El debate sobre el control de la empresa se ha cruzado con inquietudes de seguridad. El reportaje de Loomered recuerda que Weichai fue fundada en 1946 para fabricar fusiles para el Ejército Popular de Liberación de China y que produce motores para tanques del ejército chino desde la década de 1970. También señala que entre sus clientes figuran contratistas de defensa sancionados por Estados Unidos, como MAZ, de Bielorrusia, y Kamaz, de Rusia. Estas afirmaciones corresponden al autor de ese medio, que plantea el caso como una amenaza para la seguridad marítima estadounidense.
Otro medio, The Telegraph, publicó en agosto que la adquisición de este fabricante de superyates ha despertado temores de seguridad. Según el diario británico, fuentes del sector advierten que la maquinaria del grupo podría convertirse con facilidad para fines militares. Se trata de advertencias y preocupaciones atribuidas a fuentes internas, no de hechos comprobados públicamente en los materiales consultados.
El caso refleja una tendencia más amplia: la inversión extranjera en sectores estratégicos, como el marítimo, genera debates sobre propiedad, supervisión y seguridad en distintos países. Al mismo tiempo, conviene distinguir entre los hechos verificables, como la estructura accionaria o la disputa por el control, y las interpretaciones sobre sus posibles consecuencias, que aún están sujetas a análisis y a la respuesta de las partes involucradas.
Los ciudadanos, los inversionistas y los responsables de políticas públicas tienen interés en seguir de cerca la evolución de este caso. Lo que ocurra con el control de Ferretti podría influir tanto en el futuro de una de las marcas más reconocidas de la náutica de lujo como en la discusión internacional sobre quién controla la infraestructura y la tecnología marítima.







