EE. UU., Australia y Reino Unido consolidan el pacto AUKUS y refuerzan su frente estratégico

El presidente Trump y el primer ministro australiano Anthony Albanese firmaron un acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras para impulsar inversiones conjuntas.

Tras meses de incertidumbre en Canberra y Londres, Donald Trump afirmó que Estados Unidos continúa a paso firme con AUKUS, el pacto para expandir la producción y el despliegue de submarinos de propulsión nuclear junto a Australia y el Reino Unido. El giro se produjo en la Casa Blanca durante su reunión con el primer ministro australiano Anthony Albanese, después de que el Pentágono abriera en verano una revisión del acuerdo que encendió alarmas entre los socios.

Australia ya comprometió miles de millones para crear astilleros e infraestructura naval en el oeste del país, con capacidad para alojar, mantener y construir submarinos estadounidenses y británicos. La apuesta convertiría al territorio australiano en un nodo de operaciones aliado en el Indo Pacífico, con una lógica clara de disuasión frente a China.

Trump subrayó que el programa seguirá adelante pese a su complejidad y costo. El secretario de la Marina, John Phelan, añadió que la intención es afinar el marco original de AUKUS para clarificar compromisos y mejorar su ejecución para las tres partes. El presidente, que prevé reunirse con Xi Jinping en las próximas semanas, presentó la iniciativa como un mensaje de contención y no como preludio de un choque. Restó dramatismo a un posible conflicto por Taiwán y reiteró que Estados Unidos mantiene una superioridad militar holgada.

La agenda bilateral no se quedó en defensa. Trump y Albanese firmaron un acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras para impulsar inversiones conjuntas y fortalecer cadenas de suministro fuera del control chino, vitales para la industria de defensa y la manufactura de alta tecnología. Según Albanese, se trata de un conducto de financiación de 8 mil 500 millones de dólares australianos con aportaciones previstas en los próximos seis meses, alineado con su plan “Un futuro hecho en Australia” que busca procesar y agregar valor, no solo extraer y exportar.

El trasfondo es la escalada comercial entre Washington y Pekín. China ha endurecido controles a la exportación de tierras raras y de imanes permanentes, piezas clave en baterías, motores y sistemas de armas. Trump, por su parte, volvió a amenazar con aranceles si no hay marcha atrás en esas restricciones y sugirió que Estados Unidos tiene palancas industriales que también afectan a la aviación comercial china.

Con el impulso a AUKUS y el frente de minerales críticos, la Casa Blanca intenta enviar una señal doble: la arquitectura de seguridad y de suministro del Indo Pacífico se refuerza con socios confiables, y, el reordenamiento industrial y tecnológico puede traducirse en empleo, innovación y resiliencia estratégica en un momento en que la competencia con China define buena parte de la política exterior y económica estadounidense.