China ha adquirido aproximadamente 277 mil acres de tierras agrícolas en Estados Unidos según datos federales.
El dominio chino sobre parte de la cadena alimentaria estadounidense ya no es un temor abstracto. Un nuevo informe del America First Policy Institute advierte que la presencia de empresas chinas en la industria agrícola nacional abre flancos de riesgo en áreas sensibles como la producción de alimentos, la seguridad de datos y el control de tierras.
El caso más emblemático es Smithfield Foods, la empresa que controla cerca de una cuarta parte del procesamiento de carne de cerdo en el país. Desde que pasó a manos del consorcio chino WH Group hace más de una década, su expansión ha continuado bajo marcas populares como Eckrich y Nathan’s Famous. Para los autores del informe, el embajador Kip Tom y el analista Royce Hood, la operación no es solamente un negocio rentable sino un potencial vector de influencia sobre un sector estratégico.
La preocupación va más allá de los embutidos. China ha adquirido aproximadamente 277 mil acres de tierras agrícolas en Estados Unidos según datos federales. El informe sostiene que este tipo de adquisiciones podrían facilitar vigilancia, sabotaje y robo de propiedad intelectual desde territorio estadounidense. La advertencia se extiende a los insumos que utilizan los agricultores. Desde fertilizantes hasta chips para maquinaria, la dependencia de cadenas de suministro extranjeras hace que el sistema sea vulnerable ante disputas geopolíticas o interrupciones comerciales.
Otro frente crítico son los drones y la tecnología satelital. China domina la fabricación global de estos dispositivos y su integración en actividades agrícolas para medir salud de cultivos o planear cosechas podría implicar que grandes cantidades de datos estratégicos terminen en manos de Pekín. Los autores describen este flujo de información como una amenaza directa a la seguridad nacional.
El informe también propone rutas para reducir el riesgo. La primera es un proceso de desvinculación de compañías y tecnologías bajo control chino. Según Tom, Estados Unidos se volvió dependiente de insumos extranjeros debido a regulaciones internas que dificultan la producción nacional. Restablecer capacidades industriales clave en territorio estadounidense requeriría invertir en investigación, modernizar infraestructura y revisar trabas regulatorias que empujaron a la industria al exterior.
Las recomendaciones incluyen prohibir drones de fabricación china en labores agrícolas y aprobar leyes estatales y federales que impidan que adversarios extranjeros adquieran tierras de cultivo. La idea central es que ningún país con intereses estratégicos opuestos debería tener un rol significativo en el sistema que alimenta a la población estadounidense.
La agricultura mueve cerca de un billón y medio de dólares al año y es parte del corazón económico del país. Para los autores del informe, enfrentar el avance chino será clave para proteger esta industria y evitar que un actor externo controle desde las semillas hasta el plato.







