Lo que ocurrió el pasado domingo en una iglesia en St. Paul, Minnesota no es un simple choque de ideas políticas ni una protesta más: fue una intrusión violenta de manifestantes anti-ICE que interrumpieron un servicio religioso en pleno culto, gritando consignas, invadiendo el espacio sagrado donde hombres, mujeres y niños se reúnen a orar y encontrar consuelo espiritual. Según reportes, un grupo de alrededor de 30 activistas con el llamado Racial Justice Network irrumpió en Cities Church acusando a uno de los pastores de tener vínculos con la agencia federal de inmigración y exigiendo que “ICE se vaya” mientras entonaban gritos que rompían la paz del templo y aterrorizaron a los fieles en medio de la homilía.
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— Nicki Minaj (@NICKIMINAJ) January 19, 2026
La razón aducida por los manifestantes fue la muerte reciente de Renée Good, una mujer de 37 años que fue disparada y asesinada por un agente de ICE en Minneapolis durante una operación de inmigración —un acontecimiento que ya desató protestas en varias ciudades y que ha sido tema de debate intenso entre legisladores y activistas por igual. Aunque la indignación por una vida perdida puede ser comprensible para algunos, traspasar la línea y violar la libertad de culto de otras personas es algo que no puede justificarse bajo ninguna excusa de protesta política.
Peor aún, estas acciones no solo fueron una falta de respeto a la fe de los creyentes, sino que han puesto a varios de los participantes bajo la lupa del mismo Departamento de Justicia. El gobierno federal ha anunciado que está investigando estas interrupciones, revisando si se violaron estatutos que protegen específicamente la libertad de culto, así como derechos civiles que prohíben conspiraciones destinadas a intimidar o coartar las libertades fundamentales de otros ciudadanos, incluyendo el FACE Act y el histórico Ku Klux Klan Act, una ley de 1871 creada originalmente para combatir la violencia de grupos racistas y que hoy —según altos funcionarios— podría aplicarse contra quienes planearon o ejecutaron este asalto al servicio religioso.
Lo más grave de todo esto —y lo que debería encender la furia de millones de latinos que valoran su fe y sus iglesias como pilares culturales y espirituales— es cómo la narrativa de algunos activistas de izquierda ha empezado a justificar o minimizar estas invasiones a templos bajo el pretexto de “protesta”, como si la libertad de expresión fuese un escudo para violar la libertad de culto de otros. El propio Departamento de Justicia ha sido claro al afirmar que la Primera Enmienda no protege la interrupción de un servicio religioso y que el derecho a protestar no puede transformarse en una herramienta para intimidar y hostigar a creyentes en un lugar sagrado.
La situación escaló al punto en que figuras mediáticas como Don Lemon han sido señaladas públicamente por su participación en el incidente, al transmitir en vivo desde dentro del templo mientras los activistas caminaban entre la congregación. La sección de Derechos Civiles del DOJ, liderada por la Fiscal General Adjunta Harmeet Dhillon, ha declarado que están considerando aplicar el Ku Klux Klan Act y otros estatutos federales porque interferir con la libertad religiosa y la práctica de culto no es una opción protegida por la Constitución —y quienes lo hagan deben responder ante la ley con todo el peso de la justicia
Muchos estadounidenses, incluyendo líderes cristianos de diversas denominaciones, ya han condenado este suceso como una violación flagrante de la libertad religiosa, exigiendo que se respeten los derechos constitucionales de los feligreses y que se proteja a las iglesias contra este tipo de agresiones que parecen taxativamente dirigidas a intimidar y romper la paz en hogares de culto. Para millones de latinos en los Estados Unidos, donde la fe ocupa un lugar central en la familia y la comunidad, este incidente no es un debate académico: es un ataque directo a algo sagrado que merece no solo condena moral, sino también una respuesta legal firme.
The @CivilRights is investigating the potential violations of the federal FACE Act by these people desecrating a house of worship and interfering with Christian worshippers. @AGPamBondi https://t.co/uZBBv1iuuH
— AAGHarmeetDhillon (@AAGDhillon) January 18, 2026
Al terminar el culto, el mensaje de muchos fieles fue claro: este tipo de intimidación no solo viola derechos fundamentales, sino que también evidencia una deriva peligrosa de sectores de la izquierda que parecen dispuestos a cruzar líneas sagradas para avanzar su agenda política. Las iglesias, los espacios de oración y las libertades individuales son pilares que millones de hispanoamericanos valoran profundamente, y cuando estos son pisoteados por grupos que disfrazan su agresión como protesta, no solo se vulnera la ley, sino el corazón de nuestra identidad comunitaria y espiritual.







