Se trata de un giro significativo en la política exterior estadounidense hacia Venezuela, con implicaciones que podrían redefinir el equilibrio político en América Latina en los próximos años.
En un hecho sin precedentes desde la Guerra Fría, Estados Unidos lanzó la madrugada del 3 de enero de 2026 una operación militar de precisión contra el régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro en Venezuela,anunciaron fuentes oficiales de la Casa Blanca. Tras múltiples ataques aéreos coordinados, el presidente venezolano y su esposa, Cilia Flores, habrían sido capturados y trasladados fuera del país por fuerzas especiales estadounidenses, marcando un punto de inflexión en la crisis hemisférica.
El presidente Donald Trump confirmó que la operación de “gran escala” fue un éxito, y que Maduro y Flores estarán bajo custodia en Estados Unidos enfrentando cargos federales por narcoterrorismo, tráfico de drogas y conspiración criminal, acusaciones que venían siendo procesadas desde 2020 en tribunales americanos. Trump añadió que Washington estará involucrado en la transición de Venezuela hacia un modelo de gobernanza más estable y seguro
La acción, que incluyó ataques en Caracas y varios estados venezolanos, fue justificada por el gobierno estadounidense como una respuesta necesaria a décadas de corrupción, violencia y complicidad con carteles del narcotráfico. Funcionarios republicanos han sostenido que Maduro representa una amenaza directa a la seguridad de los ciudadanos estadounidenses y latinoamericanos por su alianza con organizaciones criminales.
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Aunque la operación ha sido recibida con fuertes críticas internacionales por parte de gobiernos como el de China, Rusia y paradójicamente algunos bloques europeos que condenan la violación de la soberanía, la respuesta de líderes democráticos en la región ha sido mixta, con figuras como el presidente argentino Javier Milei expresando apoyo a la iniciativa como un “Viva la libertad”.
Mientras tanto, en Venezuela, opositores al régimen de Maduro celebran la caída del dictador como una oportunidad para iniciar un proceso de reconstrucción nacional, restablecimiento de libertades y el retorno de inversiones que puedan revitalizar una economía que se ha desplomado durante años bajo el socialismo autoritario.
Desde Washington, altos funcionarios han enfatizado que esta operación, además de aplicar la ley internacional en contra del narcotráfico, envía un mensaje claro de que Estados Unidos actuará con determinación para defender la seguridad y prosperidad en el hemisferio.







